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36 años sin bañarse
No hay forma de entrevistar a Kailash Kalau Singh, el hombre que no se baña hace 36 años. Primero, porque la cantidad de tabaco que tiene en su boca no le permite hablar. Y segundo, porque toda pregunta la contesta con el clásico e inútil ‘porque sí’. Además, Kalau no habla inglés y el señor que tenía a mi lado, al que podríamos llamar Mi Traductor, lo hace a medias. No bastando con eso, Kalau habla un dialecto distinto al señor, así que entre ellos se tienen que comunicar en un hindi mediocre, que ninguno habla fluidamente.
Tampoco hay forma de llegar sin tropiezos a Chatav, el pueblo donde vive Kalau Singh, el hombre que se baña hace 36 años con fuego. Porque desde la polvorienta y caótica estación del bus de la mítica ciudad de Banarés hay que coger un destartalado bus a Phulpoor, un pueblo de carretera, de donde no hay buses para llegar a Mangarí, el punto de partida para llegar a Chatav. Por eso uno debe tratar que una moto lo lleve a Mangarí y después que un niño en bicicleta lo arrime a Chatav, donde yo pensaba que sería fácil encontrarlo. Increíblemente, sin embargo, Kalau no es una celebridad en esta región de pueblos minúsculos.
En cada uno de éstos pueblos la gente me recibió con miradas insolentes, como si fuera un extraterrestre o, en efecto, una celebridad. Me tocaban, me hablaban en dialectos indescifrables, me miraban como si yo fuera una película y sobre todo se reían de mí sin vergüenza, porque yo era un payaso blanco que vino de un lejano universo preguntando –foto en mano– por un granjero que no ha salido de su finca en sus 63 años de vida.
Finalmente encontré, después de que el niño me botara de su bicicleta en la mitad de Chatav, un señor que hablaba inglés porque hace 30 años vivió en Corea sirviendo para el ejército indio. Estaba en una tienda con otros viejos, también langarutos y despreocupados. Su nombre nunca lo supe, a pesar de haber estado más de 10 horas a su lado, y por eso acá lo llamo Mi Traductor.
Mi Traductor era un alcohólico sin escrúpulos, que se emborracha al frente de todos a las 10 de la mañana y pide plata, sin reservas, con el exclusivo objetivo de emborrachase hasta caer. Cuando lo conocí estaba dormido de la rasca y lo desperté, porque detrás mío llevaba una horda de niños curiosos persiguiéndome.
A pesar de haber salido de mi hotel en Banarés a las 6 de la mañana y haber dejado mi maleta en la estación de tren a las 6 y 30, puesto que tenía un tren a las 12 de la noche, solo pude conocer a Kalau a las 4 de la tarde. Mi Traductor sabía de él, pero nunca lo había visto e incluso pensaba que era una legenda. Había oído que era un hombre viejo que nunca había salido de su casa y que tenía siete hijas. Que tenía un ritual raro con el fuego y que su barba le llegaba hasta el piso.
Después de un par de llamadas que Mi Traductor hizo desde el único teléfono público del pueblo, y después de una travesía en moto de media hora, llegamos a la casa de barro de Kalau, el hombre que no se baña hace 36 años. Lo esperamos, su esposa nos dio té y finalmente llegó, con su barba recogida en la cintura y una bicicleta vieja pero en buen estado. Empezamos, realizamos y terminamos la entrevista en diez minutos, porque, como decía, mi traductor y Kalau no se entendían, y Kalau no podía hablar.
¿Es cierto que no te bañas hace 36 años? Sí. ¿Por qué? Porque el agua, para mí, no quita los pecados, sino el fuego. ¿Entonces te bañas con fuego? Sí, todas las noches a las 7, después de fumar opio. ¿Dicen en el pueblo que no te bañas con agua porque estás bravo con Dios, que solo te ha dado hijas y no hijos? No, yo me baño con fuego porque no creo en el baño de agua. ¿Por qué decidiste, de repente, dejarte de bañar con agua? Porque sí. ¿Qué te llevó a tomar la decisión? Nada en especial. ¿Cómo son tus baños de fuego? Me quemo con una llama en un ritual privado. ¿Nunca te ha dolido, ni siquiera la primera vez, hace 36 años? No. ¿No crees que la falta de higiene puede traerle enfermedades a tus hijas y tu esposa?
Después de esa pregunta Kalau dejó de contestar mis inquietudes. Se quedó congelado, en silencio, mirando al horizonte, como si estuviera esperando a que algo pasara. Pero no estaba esperando. Solo estaba ahí, callado. Y yo, seguramente porque soy un pésimo entrevistador, decidí no insistirle, sino quedarme con la idea de que no tengo por qué, en mi obsesión periodística prejuiciosa, darle razones a las prácticas y decisiones de Kalau, las cuales él tampoco estaba interesado en revelarme. Es cierto que el periodismo pretende explicar las cosas insólitas del mundo, pero hay cosas, sobre todo en la India, que simplemente no tienen explicación. Y yo no tengo por qué tratar de darles mi interpretación occidental o, mucho menos, inventármela.
Su mujer dijo que nunca le había olido feo y que sus prácticas nunca habían sido un problema higiénico. Y lo cierto es que Kalau, cuya piel parece un neumático, no huele feo y su casa, como toda casa de un indio, es impecable.
Por último le pedí que me mostrara la casa y que me llevara al lago donde se bañó por última vez, hace 36 años, una anécdota de la que él no se acuerda y ni le interesa acordarse. Me despedí de él a las 6 de la tarde. Y ahí me encontré, en medio de una nada sin luz, sin transporte público ni privado, a cuatro horas de Banarés y a 6 de la salida de mi tren.
Mi traductor me llevó, después de que lo invitara a una botella de whiskey que se tomó en dos sorbos, a donde su primo, también un borracho, para que me llevara en su moto taxi a Banarés. Y, como debí esperarlo, el primo y sus amigos, todos ebrios, me tomaron como el mejor de los chistes: que no me podrían llevar, que por qué tenía el pelo largo, que me tenían que subir el precio, que por qué no tenía saco en ese frío insolente, que cómo se me ocurrió estar en ese medio de la nada a esas horas. Dos horas después, el primo, cuatro de sus amigos, mi traductor y yo, íbamos camino a Banarés, con música a todo volumen y dos botellas de whiskey que yo, a punto de llorar, había tenido que comprar. En un momento, en la mitad de una carretera destapada rodeada de potreros infinitos, pararon para doblarme, una vez más, el precio que me iban a cobrar. Yo me rehusé y ellos empezaron a gritarme y amenazarme, hasta que les dije que bueno, que les pagaba las mil rupias (25 dólares, una fortuna en la India). Después llegó la Policía, que los llamó a todos y de un momento a otro, sin que yo supiera qué estaba pasando, empezaron a pegarles con los bolillos. Yo preguntaba qué pasaba, pero no me metí mucho, por miedo a que me pegaran a mí también. La policía los cogió presos, dijeron que “me habían salvado de ser absurdamente estafado, si no violado y secuestrado”, y me llevaron a la estación del tren de Banarés, que estaba, como todas las estaciones en la India, sucia y caliente y llena de zancudos y gente dormida en el piso. 
LA CARA OCULTA DE INGRID BETANCOURT
Desde que tengo noticia de la existencia de Ingrid Betancourt, hace ya de esto cuatro o cinco años, siempre he tenido la sensación de que su entereza y nobleza no eran más que una fachada en pro de lograr un protagonismo mediático y político. Pero bueno, a fin de cuentas es ( según ella “era” ) una política.
Lo que me pudo sacar de mis casillas, y que hoy me gustaría compartir, y en especial con los que leen estas líneas desde Colombia, fue todo el circo que se monto el día de la liberación. Recordemos que no solamente Ingrid fue la única liberada, también hubo tres estadounidenses que más tarde descubrirían al mundo a la verdadera Ingrid Betancourt, y once policías y militares colombianos.
Estos últimos fueron los que me convencieron de que el ser humano esta podrido. Estos hombres cayeron en manos de las FARC luchando por nuestra patria y arriesgando su vida para que Colombia pudiera vivir de una vez por todas en paz. Alguno de ellos paso incluso más de 10 años en cautiverio, con hijos ya en las puertas de la adolescencia que la última vez que los vio gateaban. Y señores, la importante en la noticia fue Ingrid Betancourt, estos militares y policías fueron sistemáticamente marginados en pro de la ex-candidata presidencial, quién tuvo la vergüenza de aceptar reconocimientos internacionales tan importantes como el Premio Príncipe de Asturias a la Concordia y la Legión de Honor francesa; cuando cualquiera de sus compañeros se la hubiera merecido antes que ella.
Bueno, voy al grano. Recientemente su ex-marido, Juan Carlos Lecompte, ha publicado un libro en el que nos desvela la identidad de la auténtica Ingrid Betancourt, la mujer que tan lejos esta de la idea general que se tiene de ella en la sociedad. El libro en cuestión se llama “Ingrid y yo, una libertad agridulce” (Ed. Alphee).
Me gustaría dejar a continuación algunos fragmentos del mismo obtenidos del artículo del dominical XL Semanal.
Start Slide Show with PicLens LiteEl día en que liberaron a ingrid. «Ella bajó del avión sin la ayuda de nadie. [...] Quiero ver sus ojos. Busco su mirada, está en otra parte. Ingrid se acurruca en los brazos de su madre. Se besan. Un largo y hermoso abrazo. El reencuentro entre dos seres que se aman. Las cámaras de televisión colombiana captan la escena. Me gustaría estar en otro lugar. Con ella, pero en otro lugar. Después, me llega el turno de abrirle mis brazos. Tengo muchas ganas de estrecharla, pero Ingrid me sonríe y me da… un gélido abrazo. Si supieran el trabajo que me cuesta decir una palabra sobre este encuentro fallido, este reencuentro sin emoción entre nuestros dos cuerpos. Soy su marido, peleo por ella durante seis años y, de repente, su presencia me parece incongruente, desplazada. Le di un beso en la mejilla que no me devolvió. Prefirió pegarse a su madre. Solamente liberó un brazo para cogerme del mentón y decirme: `Estoy viva, estoy aquí´. Y me golpeó la mejilla. Este gesto, anodino, torpe, me persigue aún a día de hoy. Al bajar del avión, Ingrid me tranquilizó como quien calma a un perrito demasiado solícito. Me dio unos pequeños cachetes, que yo viví como una bofetada. Sin embargo, traté de no sacar conclusiones. Después de todo, mi psicólogo ya me lo había advertido: `Cuando Ingrid sea liberada, puede que su reacción te sorprenda…´.»
«Permanecimos durante dos horas en el aeropuerto. Ingrid respondió a decenas de entrevistas. Consciente o no, siguió ignorándome. Hubiera querido que me tragara la tierra cuando, durante su primer discurso, dio las gracias a todo el mundo, menos a mí. Todo el mundo estaba presente en su agradecimiento: Dios, su madre, sus hijos, su hermana, su ex marido, el presidente colombiano Uribe, el presidente francés Sarkozy, Jacques Chirac, Dominique de Villepin e incluso su mujer, Marie-Laure de Villepin. No podía creer que me hubiera olvidado con intención. Pero así fue. No persigo grandes honores y tras la humillación pública vivida, tampoco. Pero mi estoicismo tiene límites. Mi madre, mis amigos, muchos desconocidos me comentaron cómo les extraño aquello. Me lo tomé como una nueva bofetada. Pero ya lo he encajado.»
Nuestra primera noche juntos. La noche de la liberación de Ingrid Betancourt, Juan Carlos Lecompte acompañó a su esposa y a su suegra a casa de esta última. «Era muy tarde. Pero Ingrid comenzó a hablar, hablar y hablar sin parar. No le hicimos ninguna pregunta. Nos narró, de forma desordenada, su vida en cautividad. Las interminables caminatas, la humedad, el barro, los reptiles, el aseo en los ríos, la comida… Lo poco que nos contó de sus carceleros nos dejó helados. Aquella noche, Ingrid habló mucho de Dios. Siempre fue creyente. Pero, agarrada a su rosario, se había ido parapetando poco a poco en la religión para resistir sus seis años de cautiverio. [...] Insistió en contarnos, con bastante detalle, que había visto a la Virgen en un sueño dos semanas antes de ser liberada. Durante esta aparición le advirtió de que le iba a ocurrir algo muy `grande´, tan `grande como una liberación´. No nos atrevimos a interrumpirla. Nos aseguró que la Virgen la había mirado directamente a los ojos. Ingrid estaba en trance, al borde de las lágrimas. Yo, realmente, no sabía qué decir.»
La primera prueba de vida: un documento `censurado´. «En seis años, únicamente he `visto´ a mi mujer en cuatro ocasiones. Y fue gracias a las `pruebas de vida´, como ellos [las FARC] las denominan. La primera llegó a casa de su hermana, Astrid, en julio de 2002. Este primer vídeo no lo vio nadie, excepto nosotros. Nunca lo mostramos a los medios de comunicación por respeto a la dignidad de Ingrid. Es un testimonio desgarrador. En él puede verse a Ingrid llorar sin parar durante catorce minutos la muerte de su padre. Lo supo por casualidad, en la selva, un mes después de su fallecimiento, leyendo un viejo diario que había servido para pelar las verduras. Es insostenible. Ingrid estaba destrozada. Incluso yo sólo he podido ver el vídeo una vez. Llegó a casa de su hermana Astrid, y ella lo conservó desde entonces. Ahora lamento no haber insistido más en recuperar la cinta o que me la prestaran. Porque también contenía, al final de ese primer vídeo, una declaración de seis minutos de Clara Rojas para su madre. Ahora bien, su madre nunca la vio. Astrid tenía tanto miedo de que las desconsoladas imágenes de Ingrid circularan que ni siquiera informó a la madre de Clara de que su hija estaba viva. Deberíamos haberle permitido ver esta cinta. Pero aquel día fuimos muy egoístas. No estuvo bien por nuestra parte permitir que Astrid acaparara esta primera prueba de vida y dejar a una madre sin noticias.»
Para Ingrid, el dinero nunca era suficiente. «Cuando vuelvo a pensar en ello, recuerdo que hablamos mucho, incluso exclusivamente, de cosas materiales durante aquel mes de julio. Ingrid estaba obsesionada con el dinero. Y al mismo tiempo resultaba algo normal: quería disfrutar de su libertad recuperada. `La vida en París es cara, Juanqui´, me explicaba. `Y además quiero llevarme a los niños a las Seychelles, y me hace falta dinero.´ Para vivir en París y llevar a Melanie y Lorenzo de vacaciones, Ingrid me reclamaba 50.000 dólares. Yo ignoraba que vivía a costa del Gobierno francés en París (y que finalmente sería invitada por el presidente de las Seychelles). Le propuse transferirle 30.000 dólares de forma inmediata, es decir, el importe del Premio Roma por la Paz y la Acción Humanitaria que había recibido en su nombre y que había guardado esperando su regreso. Pero no era suficiente para ella. Estaba un poco sorprendido. Le dije que únicamente podía enviarle 10.000 dólares suplementarios. Y eso, vaciando mi cuenta. Y ella los aceptó. Yo no rechisté. Era mi lado `macho´: de donde yo vengo, un hombre debe poder satisfacer las necesidades de su mujer.»
«Puede que Ingrid ignorara en aquel entonces que había dejado de trabajar hacía cinco años para poder liberarla y que tuve que vender mi apartamento. Ingrid no se mostró muy sensible. Ingresó el cheque considerando la suma aún muy insuficiente. Me pidió que me endeudara. `Si no tienes más dinero, sólo tienes que pedirlo prestado´, me decía con sequedad. `¡Pídeselo a tus amigos!´.»
Y empezamos a hablar de divorcio. «Las cosas comenzaron a estropearse a partir del 1 de enero de 2009, cuando empezó a pedirme que nos divorciáramos de forma amistosa. El 10 de enero, los médicos me dijeron que mi padre moriría en esa semana. Dije a Ingrid: `Por favor, espera un poco hasta que mi padre se vaya, y después te prometo que firmo los papeles que me pidas´. Pensaba que mostraría algo más de compasión. Mi padre quería mucho a Ingrid. Incluso llegó a escribirle un emocionante poema en 2005, durante su cautiverio. Pero, aparentemente, no era suficiente para emocionarla. Ingrid no quiso esperar. Era como un capricho. Nada tenía más importancia, ni siquiera la muerte de mi padre. Y al día siguiente envió a un abogado, el 11 de enero, al hospital. Y ése fue el día en que, de forma oficial, dejé de amarla. Ya no reconocía a mi mujer.»
Ingrid y el resto de los secuestrados. «Hoy pienso mucho en mi amiga Magdalena. Su hijo, Elkin Hernández Rivas, está en manos de las FARC desde el 14 de octubre de 1998. Acababa de cumplir los 22. El primer año tras la liberación de Ingrid, al no tener ningún medio para ponerse en contacto con ella, Magdalena me llamaba cada mes para pedirme que la convenciera para movilizarse por su hijo y el resto de los secuestrados: `¡Estoy desesperada, por favor, pide a Ingrid que nos ayude!´. Al principio, yo le respondía que Ingrid necesitaba descansar. Más tarde, Magdalena declaró públicamente que Ingrid los había olvidado. Estas familias no comprenden el hecho de que para ella sea más importante escribir un libro que ayudar a sus compañeros secuestrados. Dicen que ella sabe mejor que nadie lo que significa ser prisionero, que realmente podría movilizar las cosas gracias a su inmensa notoriedad y a sus contactos y que podría hablar con numerosos presidentes. No entienden por qué los ha abandonado.»
NASA lanzó el Endeavour La nave es comandada por un colombiano
Con una tripulación de seis astronautas y en un viaje que durará trece días, el transbordador espacial Endeavour partió rumbo a la Estación Espacial Internacional (ISS). La misión tiene como objetivo instalar los últimos dos grandes componentes de dicha plataforma.
El Endeavour despegó ayer a la madrugada desde el Centro Espacial Kennedy cerca de Cabo Cañaveral en Florida. La NASA debió postergar el lanzamiento por 24 horas debido a las malas condiciones meteorológicas en la región.
"El tiempo colabora, la nave está en perfectas condiciones, por lo que es hora de volar", dijo el director de lanzamientos de la NASA, Mike Leinbach, a la tripulación del Endeavour al dar luz verde para el despegue.
Este fue el último despegue nocturno. Tras otros cuatro vuelos programados la NASA dará de baja su flota de tres transbordadores a finales de este año.
Después de permanecer dos días en la órbita terrestre el Endeavour se dirigirá hacia su acoplamiento. La tripulación deberán instalar los módulos Tranquility (18 toneladas, 7 m de largo y 4,5 m de diámetro) y Cupola (1,9 toneladas, 1,5 m de largo y 2,9 m de diámetro). Tal procedimiento requerirá tres salidas orbitales de seis horas y media cada una de un equipo de dos astronautas.
Tranquility tendrá el sistema de soporte de vida más sofisticado instalado hasta ahora en el espacio. Incluye un circuito de saneamiento y control atmosférico por el puesto de avanzada orbital, así como un compartimiento de baños para la tripulación.
Cupola, con seis ventanas a los lados y una ventana central, ofrecerá una amplia vista de la Tierra desde la ISS. También tendrá una función clave con su estación de trabajo robotizada, desde donde se controlarán las operaciones de mantenimiento de la ISS.
En esta ocasión la tripulación del Endeavour opera bajo el mando del astronauta colombiano George Zamka. Como piloto viajó Terry Virts, en su primera experiencia espacial. Los otros tripulantes son Nicholas Patrick, Robert Behnken, Stephen Robinson y Kathryn Hire.
La misión del Endeavour ocurre en momentos en que la NASA comienza a evaluar su futuro. El presidente estadounidense, Barack Obama, propuso abandonar el plan Constellation para enviar astronautas a la Luna en 2020 e iniciar la posterior conquista de Marte.
Constellation pretendía desarrollar una nave espacial sucesora del transbordador, que podría utilizarse para llevar astronautas a la Luna. El objetivo era instalar allí una base para enviar misiones tripuladas a Marte.
4.400 grupos de Facebook aman y odian San Valentín
La mayoría critica la fecha de los enamorados | Uno incluso propone juntar cinco millones de personas que pasarán este día sin pareja
Las flechas de Cupido han llegado a las redes sociales en forma de grupos y páginas de diferente índole. Hasta 2.400 son los resultados obtenidos al introducir en el buscador ‘14 de febrero’ y más de 2.000 cuando se busca San Valentín – si bien estos últimos en ocasiones tienen otras temáticas. A la cabeza, los destinados a encontrar pareja o los de aquellos que se lamentan de pasar esta fecha solteros.
Moda, negocios, regalos, citas, comunidades para románticos y para descreídos… En Facebook hay grupos para todo, y en el caso de San Valentín no iba a ser menos, cada uno puede elegir el grupo con el que sienta más afinidad, aunque, eso sí, le será mucho más fácil si lo que quiere es acabar con el ‘Día de los enamorados’, ya que una mayoría de los grupos critican esta celebración.
En cuanto a la página más popular, es, paradójicamente una página para solteros que se llama ‘5.000.000 personas antes del 14 de febrero que pasarán el día sin novi@’. Se trata de un club que dice haberse propuesto lo siguiente: "nuestro reto es conseguir cinco millones de personas antes del 14 de febrero que pasarán el día sin novi@. ¿Es posible? Esto sí que es un reto de verdad". Una meta que todavía parece lejana, pues de momento no alcanzan los 300.000 fans.
Con cierta distancia le sigue ‘Por los que van a pasar este 14 de febrero sin novio/a’ que cuenta con cerca de 155.000 melancólicos fans que hacen comentarios como éste: "por lo menos puedo seguir creyendo que el romanticismo aún vive y que los poemas y versos no han desaparecido, ya con esto me siento en las nubes".
En tercer lugar, una página para los emparejados, ‘Quiero pasar el 14 de febrero con la persona que quiero’ (39.000 fans aproximadamente), que en uno de sus primeros días en la red social invitaba a sus miembros a poner el nombre de la persona con la que querrían compartir la dicha fecha.
En cuanto al perfil de los usuarios, en dichas comunidades la presencia femenina es más que evidente – con algunas dedicadas exclusivamente a mujeres como ‘Por las que pasaran San Valentín solteras’, aunque no son las que tienen más éxito (este grupo sólo cuenta con 208 fans) - y, a simple vista, supera con creces a la del género opuesto.
Entre el resto de grupos o páginas relacionadas con la fecha, no hay ninguna que destaque por tener un número de seguidores significativo, eso sí, las hay para todos los gustos. Sirvan de ejemplo los siguientes títulos: ‘Menos San Valentín y más San Ballantines’, ‘Yo también quiero que el 14 de febrero sea un día especial’, ‘Yo también quiero flores este 14 de febrero’, ‘Odio el día de San Valentín’ o ‘Matemos a San Valentín’.
¿Cuál es el momento ideal para que un hijo se independice de la casa de papá y mamá?
Aunque no hay leyes al respecto y cada caso es individual, se recomienda dejar la casa paterna cuando se esté listo emocional y económicamente.Aunque no hay leyes al respecto y cada caso es individual, se recomienda dejar la casa paterna cuando se esté listo emocional y económicamente.¿Será al cumplir los 18 años, a los 25 o después de los 30? ¿Al terminar el colegio, cuando se gradúan de la universidad, tras conseguir el primer trabajo o el día que se casan? ¿Cuál es la edad o el momento ideal para que un hijo se independice de la casa de papá y mamá?No existe una respuesta única para esta inquietud que siempre está en la agenda familiar y que ahora es motivo de debate ante la propuesta de un funcionario italiano de sacar, por ley, a los hijos de la casa a los 18 años.Su idea, obviamente, no prosperó, pero sí ha inspirado un debate en portales de Internet en donde padres e hijos dan sus opiniones.En Colombia, según datos del Opinómetro de EL TIEMPO, la mayoría cree que los hijos deben irse del hogar paterno entre los 18 y los 25 años (el 40,2 por ciento), mientras que el 37,9 por ciento piensa que es ideal que lo hagan entre los 26 y los 30 años.Sin embargo, ese anhelo general de que los hijos se emancipen lo más pronto posible, no concuerda ni con lo que los jóvenes realmente hacen por independizarse ni mucho menos con lo que los padres les aportan en ese proceso.Así lo expresa Marcela Ariza, directora del Instituto de la Familia de la Universidad de la Sabana, al asegurar que, por el contrario, la actual es "una generación de papás que ven a los hijos como posesión y no como un don o un regalo que es prestado"."Muchos padres se ven reflejados en el hijo y quieren que su hijo realice el proyecto de vida que ellos no hicieron y por eso no les enseñan a construir su propio proyecto de vida", explica Ariza.Así, en lugar de alentarlos a volar y darles las herramientas para que lo hagan, prefieren retenerlos la mayor cantidad de tiempo posible.Para algunos jóvenes (especialmente en Estados Unidos) la cacareada frase de ‘apenas pueda me voy de esta casa’ se hace realidad a eso de los 18 años cuando terminan la secundaria. En otros casos y otras sociedades la decisión se posterga por años o nunca llega, dejando adultos de 35 y 40 años que siguen viviendo bajo el techo paterno.Una opción que Ariza no recomienda bajo ninguna circunstancia. "Incluso cuando hay un padre enfermo, un hijo adulto e independiente puede buscar su propio espacio (cerca al de los padres) y brindarles la compañía y el cuidado que requieren", dice.Indica que es tarea de los padres educar hijos con mentalidad de crecer y de ganar en autonomía, y no adultos pensando como niños. "Eso de prolongar la tutela y el amparo de los hijos en la juventud lo que hace es formar adultos que evaden responsabilidades y compromisos", dice.Por su parte, el abogado de familia Carlos Fradique Méndez cree que si los papás les han facilitado a los hijos los medios para que puedan despegar, los papas tiene derecho a decirles que hagan su vida aparte. "Eso no quiere decir separarlos afectivamente o solidariamente de la familia, sino separarlos de la convivencia de hecho", dice.Lo que dice la ley en Colombia sobre los hijosSegún explica el abogado Carlos Fradique en Colombia los alimentos para hijos se deben hasta los 18 años, entendiendo por alimentos todo lo necesario para la subsistencia digna (educación, salud, vivienda y comida).Si los hijos son mayores de 18 años, en principio, no hay obligación de alimentos, salvo dos casos: por impedimento (discapacidad física o mental que les impida trabajar) o por estudio, lo que supone que estén cursando de tiempo completo programas académicos de cualquier índole. La obligación por estudio va hasta los 25 años, a menos que los padres decidan extenderla.Recomienda Fradique revisar si el hijo que está en casa pasada las edades mencionadas es solidario y respetuoso con los papás, y si por lo tanto ellos aceptan que viva y comparta su hogar. Así mismo, que en caso contrario y de malos tratos, los papás no están obligados a acoger un hijo que pase los límites fijados.Desventajas de seguir en el nidoIndependencia: Por muy buena relación que se tenga con los padres siempre habrá que decirles en dónde está, con quién y a qué horas llega.Autonomía: Como usted vive en casa de sus papás y no en la suya, no tiene poder para decidir sobre nada en ella: ni qué comprar, qué preparar de almuerzo o cómo decorar, excepto, tal vez, su cuarto.Crecimiento personal: Aunque sus papás le sigan diciendo ‘nena’ o junior’ es claro que hace mucho usted dejó de serlo, aunque su actitud de mantenerse en casa como hijo de familia no le permita verlo.Patrimonio: Aunque ahorre dinero al vivir con los papás, esa misma situación lo puede llevar a no tener un patrimonio acorde con su edad. Es decir a comprar un apartamento, electrodomésticos, adornos y todas las cosas que se requieren al tener una casa aparte a la de sus padres, que, por cierto, hace años ya equiparon la de ellos.Relaciones personales: Es posible que con los años usted se convierta en una persona a la que poco o nada le interesa tener amigos o pareja, pues si de compañía se trata, a su lado están papá y mamá. Vivir solo lo obliga a mejorar sus relaciones personales.Independencia Vs. compañía y solidaridadAna Isabel Gómez, 22 añosEsta comunicadora social que al terminar su carrera se vino a vivir sola a Bogotá, dice que salir de casa le ha dado responsabilidad y madurez, aunque todavía olvida pagar cuentas y se queda sin comida.Luisa Villamil, 27 añosA pesar de tener trabajo y un lugar para vivir sola, ella prefiere seguir con sus padres. "Tenemos una relación de apoyo y solidaridad que valoro. Además, no me imagino llegando en la noche a una casa sola".
TATIANA MUNÉVAR B.